EL PECADO.
Saymor:
La acumulación de experiencias es una fragilidad, el recorrido es un tipo de desencanto para todas las bellezas. Los factores afectivos debilitan el goce y el buen juicio, la aflicción es el aniquilamiento, lo doloroso es sustituido por lo definitivo. El amor propio es fuente de seguridad, las pérdidas filiales fueron desviadas para que simplemente carezcan de luto, aunque en algunos casos el retorno es transitorio. Cuanto mayor es el desprendimiento en Saymor, las castas se hacen más fuertes y los procesos sociales son más eficaces. Soportar la vida administrando el sentimiento, desplegando y confesando ante ningún Dios las motivaciones, es fruto de la sencillez en Saymor. Enterrar los objetos con un deseo violento, o asediarlos con efectos de daño permanente que obliguen a evadirlos inconscientemente, es una solución. La muerte de quienes han ofendido, es gustosa en Saymor, decisiva para suprimir juicios adversos. “Nuestra humanidad está latente, nunca estable, y al estar en permanente cambio, somos la consecuencia del devenir histórico, del que nadie conoce antropología alguna”, reconoce un auspiciante de la interrupción pre-natal. Planear la desmesura es una falta grave, una desmitificación. No es posible hacer cuentas de las intensidades sensibles en perspectivas extinguibles, de fisura mediante, con la experiencia del dolor por la falta de motivos de carácter infinito.
El parricidio es entendido como el origen del juicio, de la justa medida. Aún así, nadie puede mantener alejada de la reflexión la muerte.
Freud lo explica en “Totem y Tabu´”
…Ante el cadáver del enemigo vencido, el hombre primordial debió de saborear su triunfo, sin encontrar estímulo alguno a meditar sobre el enigma de la vida y la muerte. Lo que dio su primer impulso a la investigación humana no fue el enigma intelectual, ni tampoco cualquier muerte, sino el conflicto sentimental emergente a la muerte de seres amados, y , sin embargo, también extraños y odiados. De este conflicto sentimental fue del que nació la Psicología. El hombre no podía ya mantener alejada de sí la muerte, puesto que la había experimentado en el dolor de sus muertos; pero no quería tampoco reconocerla, ya que le era imposible imaginarse muerto. Llegó, pues, a una transacción: admitió la muerte también para sí, pero le negó la significación de su aniquilamiento de la vida, cosa para la cual le habían faltado motivos a la muerte del enemigo. Ante el cadáver de la persona amada, el hombre primordial inventó los espíritus, y a su sentimiento de culpabilidad por la satisfacción que se mezclaba a su duelo hizo que estos espíritus primigenios fueran perversos demonios, a los cuales había que temer. Las transformaciones que la muerte acarrea le sugirieron la disociación del individuo en el cuerpo y a una o varias almas, y de este modo su ruta mental siguió una trayectoria paralela al proceso de desintegración que la muerte inicia, el recuerdo perdurable de los muertos fue la base de la suposición de otras existencias y dio al hombre la idea de una supervivencia después de la aparente muerte…